182 Floreros

Rebosantes de flores perfumadas, combinados con un único capullo o solos, como esculturas, los floreros se han convertido en unos complementos de diseño imprescindibles en la decoración. Desde el salón hasta los ambientes más impredecibles, los floreros de diseño de todo tipo de formas y líneas decoran con elegancia, aunando funcionalidad y estilo, y resultan perfectos para decorar la casa, así como la oficina y los lugares públicos, e incluso los espacios exteriores. Los jarrones tienen una historia muy antigua, y gracias a su peculiar capacidad de contener, siempre han identificado una amplia gama de formas y usos, de manera que intentar estudiarla es casi como abrir la caja de Pandora. Por lo general, el jarrón es un contenedor abierto que se presta a ser utilizado en la decoración del hogar, en forma de florero, vasija, escultura o, en general, como refinado complemento decorativo para todos los espacios, o bien en la cocina o el comedor, como complemento para la mesa y los alimentos, en forma de jarra, decantador, garrafa, cuenco o piezas de vajilla de todo tipo, hasta desempeñar el papel protagonista en el exterior como contenedor para flores y plantas, ya sea como maceta o como portatiestos para exteriores, tanto en jardines como en terrazas y balcones.

El jarrón, un contenedor con un alto nivel de diseño y creatividad

Por sus características de recipiente de sustancias líquidas e incoherentes, es indispensable fabricar el jarrón con materiales resistentes y poco permeables, como el vidrio y la cerámica. De hecho, los más difundidos desde la antigüedad son sobre todo los floreros de barro, principalmente por lo fácil que resulta modelar la arcilla cruda, tanto a mano como en el torno, y por su resistencia una vez cocida. Pero además de la creatividad en las formas de los jarrones, con el tiempo se ha ido diferenciando un amplio uso de materiales, así que, además del típico jarrón de cerámica o porcelana, se encuentran también jarrones de metales, a veces preciosos, como los jarrones de plata y de oro, o floreros de piedra y mármol, o también, en tiempos más recientes, floreros de plástico o bolsas de tejido polimérico, que brindan una solución contemporánea y versátil al contenedor para plantas, desde la bolsa portaflores a la jardinera blanda de mobiliario urbano. Además, la consistencia del material permite obtener jarrones opacos o traslúcidos que, gracias a la posibilidad de iluminarlos desde dentro, han inspirado la creación de los jarrones luminosos, o sea, jarrones con iluminación integrada capaces de crear nuevas y mágicas atmósferas gracias a las luces LED. Como objetos más propiamente decorativos o para revestir otros recipientes, encontramos también floreros de tela, cuero o madera. Para los exteriores y el mobiliario urbano, una producción industrial cada vez más amplia ha observado la difusión de las macetas de cemento o jardineras de piedra, materiales pesados y frágiles de tono brutalista, o de jardineras de madera o metal, más ligeras, a menudo coordinadas con asientos y bancos. Hasta la fecha, la creatividad del diseño contemporáneo ha convertido al jarrón tradicional en un objeto de mobiliario y decoración sin límites de formas, materiales ni usos.

El florero, un objeto práctico de forma inconfundible y con muchas funciones desde la antigüedad

El florero, como recipiente cuyo uso principal es contener, transportar o simplemente conservar líquidos y materiales granulares, es un elemento que a lo largo de la historia ha estado inevitablemente relacionado, por materiales y formas, con las costumbres de los pueblos que lo han utilizado, tanto por el carácter sedentario o nómada de los mismos como por los materiales disponibles en el lugar de fabricación. En su forma original y tradicional, un florero suele estar formado por un pie en la parte
inferior, o sea un fondo plano que sirve de apoyo para sostenerlo, un cuerpo, que constituye la cavidad del contenedor, un entrante llamado hombro que lleva al estrechamiento del cuello, más o menos largo, y otra dilatación en la parte superior, llamada borde o labio. En general, la relación entre esas partes, así como los materiales y los eventuales ornamentos, han permitido identificar su origen y su uso. En el caso de la jarra o del ánfora, se añaden otros elementos como las asas (una o dos, respectivamente), que sirven para manejarlas, o el pico, que sirve para verter los líquidos contenidos. Además, en las ánforas de transporte, antepasadas de los barriles, el cuerpo y el pie en la parte inferior son más ahusados para permitir encajar varias unidades, de manera que permanezcan más estables durante el transporte en la bodega de un barco. Las ánforas (del griego ἀμϕορεύς, es decir "ser llevado por ambos lados") se fabricaban principalmente con barro y estaban destinadas al transporte de comestibles líquidos o semilíquidos, como vino, aceite, pescado, miel, conservas variadas, etc., y las utilizaron e intercambiaron entre sí pueblos como los fenicios, los griegos, los etruscos, los pueblos de la Magna Grecia y los romanos. Para la conservación y el transporte podían disponer de un cierre: una tapa de barro o un precinto colocado en el borde. En las distintas tradiciones locales encontramos muchísimos objetos con formas y funciones similares, con diversos nombres y formas, como por ejemplo, en la tradición local italiana están el "orcio", la "giara" o el "capasone".

El jarrón como documento histórico y artístico de civilizaciones y lugares

Los jarrones de cerámica, y principalmente las ánforas, gracias al comercio de bienes y alimentos, se han convertido en una auténtica base para documentar históricamente las materias primas producidas en un lugar específico, así como los intercambios que mantenían las poblaciones locales con otras tierras cercanas o lejanas. Los materiales empleados en la antigüedad para fabricar floreros eran principalmente barro, porcelana y alabastro, entre los más pesados y utilizados sobre todo por los pueblos sedentarios. Los pueblos nómadas, en cambio, preferían el metal y el cuero, más ligeros y compatibles con el transporte personal. Gracias a su carácter de contenedor, medida del espacio ocupado por un cuerpo, el florero también fue en el pasado unidad de medida de volumen, como en la antigua Grecia; pero también unidad de peso y capacidad, como para los comerciantes italianos, sobre todo los venecianos, con algunos términos todavía presentes hoy en día en los diversos sistemas de medición (onza, pinta, galón) o en el uso diario en la cocina (cucharada, cucharadita, taza, vaso, etc.). La fabricación y decoración de los jarrones también es una forma de arte que se desarrolló históricamente, varios siglos ya antes de Cristo, en la Grecia antigua, o desde el siglo VII d.C. en la China imperial (como los tradicionales jarrones chinos Meiping). Finalmente, cabe recordar el abundante uso en la antigüedad de las urnas cinerarias o funerarias, recipientes que se siguen utilizando hoy en día para contener las cenizas del difunto después de la incineración, como alternativa a la sepultura de los cuerpos. También ha llegado hasta nuestros días el vaso sagrado (por regla general de metal, plata) como objeto litúrgico que en el rito latino es la vasija que contiene el agua para la ablución sacerdotal.

Las vajillas de los ajuares y las colecciones de cerámica, porcelana y cristal

Con el término vajilla suelen designarse varios tipos de vasijas y recipientes, en particular las fabricadas con vidrio, porcelana, cerámica, barro o metales preciosos como el oro o la plata, o de especial valor histórico. El término se refiere a recipientes de cocina, es decir, vasijas, ánforas,
botellas, vasos, platos, bandejas, tazas, etc., pero también a recipientes con finalidades decorativas. La producción cerámica italiana, desde el siglo XV hasta el XVII comprendía jarras y ajuares de cocina y vajillas policromas (son famosas las producciones de Faenza y Capodimonte), mientras que por lo que a la producción de cristal se refiere son intemporales las obras de las cristalerías de la Laguna de Venecia, los famosos jarrones de cristal de Murano. Por último, entre las decoraciones que han embellecido muchos palacios de las familias más ricas de Europa, auténticos trofeos de los viajes cada vez más frecuentes a Extremo Oriente por la Ruta de la Seda, no podemos olvidar las colecciones de floreros chinos, a los que solía dedicarse toda una sala con tapices de seda que enmarcaban las preciadas porcelanas en atmósferas exóticas.

Colores, materiales, superficies y formas: todas las maneras en que los jarrones de diseño transforman y decoran los espacios

Desde la antigüedad, pues, los jarrones se han utilizado como contenedores, para transportar mercancías, para poner la mesa, pero sobre todo para decorar, y esta tendencia cobra cada vez más fuerza en la actualidad debido a la inevitable presencia del florero como elemento decorativo en el diseño de interiores contemporáneo, que cuida cada vez más todos los detalles de los espacios domésticos y del contract, integrando mobiliario y decoración en un concepto orgánico. Actualmente los jarrones, aislados o en pequeñas instalaciones, permiten realizar jardines verticales más o menos espesos, y mediante sistemas y enrejados específicos, se pueden llegar a cubrir paredes enteras de vegetación, embelleciendo los interiores sin solución de continuidad con el exterior. Como no se trata solo de recipientes para flores y plantas, los jarrones de diseño son verdaderos elementos del mobiliario, cuya fabricación es cada vez más el resultado de una auténtica creación encomendada a la figura del diseñador, que investiga y diversifica sus materiales, formas, superficies, colores y transparencia. Además de los típicos jarrones de apoyo, que pueden ponerse en el suelo o encima de repisas y muebles, cada vez más se utilizan en interiorismo, sobre todo para los espacios más pequeños, los floreros de pared o los jarrones colgantes, cuya instalación individual o en una composición acaba evocando culturas lejanas. Formas cada vez más originales y colores imprevisibles dan nueva vida a los floreros de cristal y cerámica, “clásicos” solo por los materiales y, a veces, por las antiguas técnicas, pero innovadores por la exaltación de sus preciadas potencialidades perceptivas, como la viveza de los colores intrínseca de las decoraciones de los jarrones de cerámica, sobre todo en las composiciones con muchos elementos, o en los mosaicos de los jarrones de cristal de Tiffany, o también la fluidez, el brillo y las texturas vibrantes nuevamente estudiadas para los floreros de vidrio soplado.

No solo floreros, sino auténticas obras de arte

Como si fueran esculturas, los jarrones de mármol, que hasta comienzos del tercer milenio se caracterizaban por estar hechos a mano a partir de un bloque de piedra blanda como el mármol de Carrara, en la actualidad ya son cada vez más el resultado de geometrías elaboradas por ordenador y plasmadas en objetos acabados por sofisticadas máquinas de control numérico. Se trata, por tanto, de objetos repetibles que, aun así, no pierden el regusto de refinadas piezas únicas, únicas también en las formas nuevas, fruto de la fusión de líneas clásicas y modernas, así como en la continuidad de una materia intemporal a la vez que rica de memorias como la piedra. Ligeros y manejables, disponibles en un montón de formas y colores, los floreros de plástico se adaptan con gran versatilidad tanto a los espacios interiores como a los exteriores, pudiéndose desplazar con facilidad, para secundar nuevas exigencias decorativas y también para responder a necesidades más propiamente funcionales, como por ejemplo, en el caso de las macetas, la especial exposición al sol de algunas plantas. Con formas y superficies que imitan objetos de uso corriente, o antropomorfos, zoomorfos o fitomorfos, o también con formas inspiradas en célebres obras de arte, esculturas y pinturas, o incluso a veces auténticas creaciones artísticas por derecho propio, de ser simples adornos para el hogar los jarrones se convierten en verdaderos objetos del deseo por ser iconos del diseño, o tal vez por pertenecer a alguna ‘edición limitada’. Un ejemplo de jarrón icono es el celebérrimo jarrón Aalto, diseñado por Alvar Aalto y su mujer Aino, que se inspiraron en los lagos de su Finlandia natal, con ocasión del concurso que convocó la cristalería Karhula-Iittala en 1936 para la Exposición Internacional de París.

Del jarrón para el hogar a la maceta: disfrutar de los exteriores con o sin un jardín


La afición a las flores y las plantas puede ser una auténtica pasión, y la arquitectura y el diseño han venido multiplicando ámbitos y soluciones para amueblar jardines o terrazas exteriores, pero también, más allá del cristal, jardines de invierno o muros verdes, inevitablemente inspirados en el bosque vertical de Boeri, que dejan entrar a la vez el verde y la luz en el interior. Como alternativa al jardín, las macetas y jardineras siguen siendo insustituibles para disfrutar de un rincón verde, en casa o en el balcón. En cambio, la típica forma de tronco de cono invertido o de paralelepípedo rectangular, agujereado en la base y preparado para llenarlo de tierra y combinado con un portatiestos o posatiestos, es específica de las vasijas para cultivar plantas o flores con fines ornamentales. Nacidos en el ámbito de la jardinería y la vida al aire libre o para el mobiliario urbano, los jarrones y accesorios para plantas se diversifican en macetas, jarrones para colgar, floreros altos, cachepot, jardineras de madera, macetas balconeras, pero también en las modernas bolsas de geotejido para plantas, manejables y ligeras, cuyo tejido reciclable favorece el desarrollo de plantas y flores, en un perfecto equilibrio de tierra, aire y agua. ... Más ... less
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